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Giancarlo Zizola: La otra cara de Wojtyla

Tirant lo Blanch, Valencia 2005.

560 pgs. PVP: 21 €.

  

Este libro no es una biografía más de Wojtyla, aunque contiene los elementos más significativos de su vida y de su personalidad, algunos de primera mano. El intento del libro es llegar a comprender las aparentes contradicciones que encierra la figura de este desmesurado Wojtyla, Karol el Grande, como algunos empiezan a llamarle. ¿Cómo es posible que un papa que se ha pasado más de un cuarto de siglo recorriendo todo el mundo y hablando del nuevo milenio haya ido haciendo retroceder la Iglesia católica hacia posiciones integristas anteriores al Concilio Vaticano II? ¿Cómo es posible que un papa que ha abierto los brazos y la basílica de Asís a los líderes de todas las religiones se haya comportado tan duramente con algunos de sus hermanos obispos o sacerdotes cuando se han atrevido a discrepar mínimamente de sus opiniones? Son aparentes contradicciones que se pueden entender si se conocen tanto los componentes nacionales y culturales de la personalidad del papa polaco, como la estrategia a largo plazo de las minorías que perdieron la batalla del Vaticano II –los protectores de Lefebvre reforzados por los nuevos movimientos teóricamente laicos, sobre todo el Opus Dei– y que están aprovechándose de la compleja personalidad de este papa para desarrollar su plan de Restauración del antiguo régimen de cristiandad.

Nadie mejor que Giancarlo Zizola para hacer este complejo análisis global del reinado de Juan Pablo II. Periodista, historiador y teólogo, Zizola tiene esa difícil habilidad de manejar mucha y apasionante información, con una visión crítica y una gran capacidad para relacionar temas y para llegar a síntesis iluminadoras. Metodológicamente, para encuadrar su obra, elige el punto de observación del Cónclave, la hora de la verdad, cuando no vale ya el recurso a la autoridad superior o la consideración piadosa hacia un anciano. Entonces –tal vez dentro de muy poco– se reunirán en la Sixtina, bajo el Juicio Final de Miguel Ángel, todos los cardenales del mundo que aún no hayan cumplido los ochenta años. Esos hombres –y con ellos todos los católicos– se tendrán que hacer entonces preguntas trascendentales.

¿Cómo ha quedado el mundo y la Iglesia tras el largo reinado de Wojtyla? El muro que separaba al bloque comunista de occidente se ha derrumbado, gracias a él en gran medida. Se ha extendido formalmente la democracia pero el capitalismo financiero se ha hecho más global, el abismo entre países ricos y pobres más profundo y el choque entre civilizaciones más sangriento. En la Iglesia católica se han prodigado palabras y gestos de futuro, pero se ha instalado una contrarreforma que quiere retroceder a los tiempos anteriores al Concilio Vaticano II.

¿Cuáles son los problemas –verdaderas patatas calientes– que este papa deja a la Iglesia? El que dé un simple vistazo al índice del libro de Zizola se encontrará con todos ellos, ordenados y analizados. Unos ejemplos. El futuro del papado, tarea imposible tal como está diseñado en su estructura de poder absoluto, universal y estrictamente personal. La inaplazable inculturación del cristianismo en los diversos continentes: Asia, África, América Latina y occidente secularizado. El replanteamiento de todas las estrategias de la Iglesia en un mundo globalizado y en una sociedad de la información. En definitiva, la opción fundamental que guiará el futuro entre legitimar con el cristianismo el nuevo poder mundial a cambio de migajas de influencia en masas despersonalizadas, o dedicarse a formar personas con capacidad de juicio crítico y de resistencia ética.

En el libro de Zizola, sobre todo en los cuatro primeros capítulos, se reúne mucha información sobre cómo se desarrollaron los cuatro cónclaves precedentes (1958, 1963 y dos en 1978), que él mismo narró en su día como uno de los vaticanistas más cualificados, y sobre cómo está previsto que a ser el próximo, con las nuevas normas canónicas para su regulación y la nueva correlación de fuerzas ¿Cómo se desarrollará esa reunión y qué coaliciones de tendencias y personas se prevén que puedan recoger suficientes votos para elegir al sucesor de Wojtyla?

Y dando por descontado que Juan Pablo Magno seguirá muy presente en el Cónclave –él lo adelanta en sus enigmáticos versos del Tríptico Romano en los que se dirige a los cardenales reunidos para elegir a su sucesor, casi en su totalidad hechos cardenales por él, asistentes por primera vez a un acto como ese Zizola pone en relación la doble personalidad de Wojtyla (místico visionario por una parte y realista gobernante férreamente conservador por otra) con la decisión trascendental que tendrá que tomar el Cónclave: ¿optarán los grandes electores por las semillas proféticas de reforma que sembró en algunos gestos y discursos o por el peso conservador que atenazó y sectarizó a la Iglesia durante su reinado?  Las previsiones van más bien por la segunda opción, pero en un cónclave nadie sabe con antelación cómo van a ir las cosas y cómo se van a formar las concentraciones de preferencias. Aunque señala muchos nombres posibles, Zizola insiste en que un vaticanista no es un vaticinista. La antigua colina del Vaticano estaba en la antigüedad poblada de cuevas con augures y sibilas a quienes acudían los nobles romanos para prever su futuro. Cuando se acerca la hora del un cónclave, Roma se vuelve a poblar de adivinadores que distribuyen sus vaticinios a los medios y librerías de todo el mundo. El libro de Zizola no hay que encasillarlo entre ellos. Es un libro de análisis profundo, de hipótesis interpretativas y de aclaración de las alternativas que presenta el futuro.

 Antonio Duato, traductor del libro. Antonio.Duato@atrio.org

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